Aunque muchas cosas puede parecer que presentan formas fálicas y, en ocasiones, algunas personas son más propensas en verlas en objetos que no deberían tenerlas, la página www.accidentalpenis.com reúne una batería de imágenes que dejan pocas dudas de su semejanza con el aparato genital masculino.
En la web se pueden ver desde elementos creados por la mano del hombre hasta figuras caprichosas de la naturaleza. Todas con una característica común: su parecido razonable al falo. Jamones, cactus, cucuruchos, palomitas, árboles, juguetes infantiles, esculturas, estalactitas,… son algunos ejemplos de los “penes accidentales” que se pueden encontrar en la web.
De lo que no hay duda es que para muchas culturas del mundo el miembro reproductor masculino es una de las formas más inquietantes y sugestivas que existen. En la Antigüedad, el falo ya se reconocía como un símbolo de fecundidad y fuerza vital. Frisos, templos, tumbas y dioses egipcios, griegos y romanos asociados con las erecciones y la fertilidad masculina.
Algunas culturas y religiones orientales, la hinduista por ejemplo, adoptaron el órgano sexual masculino como figura suprema de esas creencias. Japón también se convirtió en un centro de culto fálico a través de templos, símbolos, festivales y rituales, así como la religión judía, de la cual se derivaron la católica y el Islam, que surgió como un afán de superar los cultos anteriores que relacionaba la naturaleza con las numerosas figuras del politeísmo.
Sin embargo, los estudios sobre su fisiología e importancia cultural tuvieron que esperar hasta finales del siglo XIX con los hallazgos revolucionarios de Sigmund Freud y la teoría psicoanalítica. Más tarde llegó el pene como dios pagano omnipresente. La pornografía y el marketing de artículos sexuales restauraron su presunto poder mágico, ya no para la agricultura, sino para un gozo cada vez más abstracto. Tanto “falocentrismo” lo refleja, de una forma muy original, este ciber-archivo de formas involuntariamente fálicas
En la web se pueden ver desde elementos creados por la mano del hombre hasta figuras caprichosas de la naturaleza. Todas con una característica común: su parecido razonable al falo. Jamones, cactus, cucuruchos, palomitas, árboles, juguetes infantiles, esculturas, estalactitas,… son algunos ejemplos de los “penes accidentales” que se pueden encontrar en la web.
De lo que no hay duda es que para muchas culturas del mundo el miembro reproductor masculino es una de las formas más inquietantes y sugestivas que existen. En la Antigüedad, el falo ya se reconocía como un símbolo de fecundidad y fuerza vital. Frisos, templos, tumbas y dioses egipcios, griegos y romanos asociados con las erecciones y la fertilidad masculina.
Algunas culturas y religiones orientales, la hinduista por ejemplo, adoptaron el órgano sexual masculino como figura suprema de esas creencias. Japón también se convirtió en un centro de culto fálico a través de templos, símbolos, festivales y rituales, así como la religión judía, de la cual se derivaron la católica y el Islam, que surgió como un afán de superar los cultos anteriores que relacionaba la naturaleza con las numerosas figuras del politeísmo.
Sin embargo, los estudios sobre su fisiología e importancia cultural tuvieron que esperar hasta finales del siglo XIX con los hallazgos revolucionarios de Sigmund Freud y la teoría psicoanalítica. Más tarde llegó el pene como dios pagano omnipresente. La pornografía y el marketing de artículos sexuales restauraron su presunto poder mágico, ya no para la agricultura, sino para un gozo cada vez más abstracto. Tanto “falocentrismo” lo refleja, de una forma muy original, este ciber-archivo de formas involuntariamente fálicas
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